Capítulo 1 — Cuando lo malo se vuelve costumbre
Un título muy especial, por lo frecuente que se escucha actualmente esa expresión u otras similares. También sirve "nada más a ti se te ocurre pasar a esa hora por allí", "pero te quitaron nada más eso", o una más lamentable como lo es "gracias a Dios que no fue más nada".
Siguiendo la retórica pasada, es impresionante como con el constante incremento de la inseguridad es aún más sorprendente la capacidad de adaptación que tenemos a las situaciones. Cada vez aumentan más las cifras de robos, violaciones, secuestros y homicidios. No las publican constantemente, pero lo vivimos a diario cuando escuchamos cada historia o somos partícipes de alguna. La realidad es más común día a día escuchar cosas cómo las que me dijo una señora ayer: "por aquí no era así, antes uno se quedaba hasta tarde fuera de la casa y ahora hasta los negocios cierran temprano...". Es lamentable pero no solo es el incremento de la inseguridad en zonas que ya eran particularmente inseguras, sino que hay muchos sitios a donde estos niveles se están esparciendo y están cambiando la manera de hacer las cosas.
Esto es lo que me parece sorprendente, en ciertas ciudades se vive desde hace años con una cierta precaución paranoica al salir de manera de evitar que a uno lo roben al menos. Pero cualquiera diría que esto ocurre luego de años de un incremento gradual de la inseguridad y el continuo acostumbramiento de las personas a esta situación. Pero no es así, en pocos años el incremento de la inseguridad ha sido bárbaro en muchos lugares a nivel nacional, realmente ha sido exagerado, lo que lógicamente debería de haber desatado una ola de inconformidad muy grande y un sentido de repudio hacia tales actos, de parte de entes gubernamentales, de la población en general, así como empresarios y diversos gremios. Pero la respuesta ha sido otra.
Analicémonos un poco y pensemos, ¿cuántas veces hemos repudiado la actitud de una persona que ha sido robada? Por ejemplo, por el hecho de no tomar las precauciones. Más aún el ejemplo de la anécdota de mi post anterior, cuando algo depende más de valores y moral, es culpa precisamente de aquel que cree que las cosas no deberían de ser así.
Capítulo 2 — El celular, la plaza y el famoso “ah, lo regalaste”
Recordando la anécdota, en aquel caso se me ocurrió olvidar por unos segundos mi teléfono celular en un banco de una plaza, la cual estaba relativamente llena de personas vestidas de morado celebrando un ritual católico, decidí levantarme para irme, en lo que al dar unos 30 pasos por decir bastante no palpé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón, por lo que inmediatamente volví al banco donde me encontraba sentado. Ya para ese momento había ocupado el banco una señora mayor con la que presumo era una hija, a ellas les pregunté amablemente si habían visto un equipo que acababa de dejar allí, me respondieron de igual manera que no y mostraron algo de preocupación por el hurto. Lo que hice fue tomármelo a la ligera, en ese momento me acompañaba una muchacha con la que salía que se lo tomó más personal.
Posteriormente cuando iba rumbo a mi trabajo en un transporte que nos asignaban, realicé el comentario del hurto a unos compañeros de trabajo a lo que uno respondió "ah, lo regalaste". Claro, es lo normal que se piense que lo lógico es que todas las personas se sientan cómodas tomando lo que no es propio, raro sería que alguien piense en devolverlo o incluso preocuparse porque otra persona perdió algo importante, de repente no por el valor económico sino contactos, información, lo que sea.
Pero eso es algo como el sentir popular. En unos chistes de Emilio Lovera se expresa acerca de esto diciendo que "a uno lo crían para delincuente", esto porque lo enseñan los padres a "que si te dejas fregar (con una palabra distinta, jod....) te friego yo en la casa", a "ser vivo y no pend....". Yo creo que esta supuesta viveza nos está fregando a nosotros mismos, no nos damos cuenta de que la comunidad que nosotros prediquemos es a la que perteneceremos y habrá un momento en que no escaparemos de esto.
Esto me recuerda la frase de una canción de NK Profeta, rapero venezolano, en la que dice "las malas mañas son normales, pues por la costumbre...". Si nosotros mismos predicamos el desinterés por los demás y por los valores morales, no podemos esperar más que lo mismo para nosotros también. No podemos esperar sembrar zanahorias y cosechar fresas.
Capítulo 3 — Aplaudir lo ajeno sin aplicarlo en casa
Aplauden a los japoneses que limpian el estadio, pero luego no se ven a sí mismos poniendo a los hijos a orinar en la calle. Fácil admirar lo ajeno; difícil empezar por uno mismo.
Si queremos superarnos como comunidad o como nación, no sirve un nacionalismo barato donde se alcahuetean malas costumbres para cubrir sensibilidades. La cultura es el conjunto de costumbres arraigadas, sí, pero eso no define lo que queremos como comunidad. Podemos moldearla para mantener o incluso mejorar lo bueno y eliminar lo malo. Por ejemplo, la cultura del vivo, de colearse, de empujar al otro, de pensar que la corrupción es mala y criticarla, pero luego pagarle al fiscal para sacar la licencia. Empezar a ser exigentes con uno mismo porque es lo que esperamos de nosotros, manteniendo nuestra calidez y personalidad o rasgos particulares, pero entendiendo que la responsabilidad empieza por uno.
Capítulo 4 — La viveza institucional: “estás conmigo”
De igual manera pasa en las instituciones, cada vez es más sorprendente encontrar un organismo con un funcionario que no se venda, y nos parece normal hasta gracioso cómo nos burlamos de ese "no te preocupes que estás conmigo". La gente está tan acostumbrada a que las cosas funcionan así que recuerdo que, trabajando para un servicio público, cada vez que se solucionaba un problema, las personas en la mayoría de los casos ofrecían dinero sin pedírselo y así les digas que no, aunque sea un refresco o algo querían dar.
Primero me pareció particular como una especie de agradecimiento y no me lo tomé como algo malo, luego fue que analizando más y al cabo ocurrían más casos, me di cuenta que es el miedo a no ser atendidos la próxima vez si no había un interés de ambas partes. Algo muy triste, trabajar para un organismo de servicio público y que haga falta un interés basado en la corrupción para atender a las personas. Mientras estuve allí traté de generar un cambio en ese sentido, al menos poco a poco, pero es difícil. Cuando se trata de servicios públicos y necesidades básicas, no debería de haber otro interés en esa institución o en sus trabajadores que el de ayudar a solventar, por el beneficio simple de generar ese bienestar al solucionar el problema.
Capítulo 5 — Cuando hasta la televisión te culpa
Tal vez pareciera que me estoy desviando, pero precisamente estas actitudes son las que van formando nuestra sociedad y nos van preparando precisamente a que las cosas malas son normales. Es tan indignante que en un canal de televisión nacional recuerdo que estaban hablando de los problemas de seguridad hace unos meses, y decían que una de las causas era la imprudencia de las personas, respecto a sus posesiones, y daban una serie de tips o consejos para evitar la delincuencia, como unas recomendaciones de cómo deberíamos de salir o hacer con nuestras pertenencias. O sea, a nivel de medios de comunicación también somos los culpables.
No sé qué pensarán la mayoría de las personas, pero yo no comparto ni puedo compartir esa idea. Hace poco caí en ese tipo de recriminación al reprochar a una conocida por haber sido imprudente cuando la robaron, solo por contestar una llamada camino a su casa. Y ella decía que era su culpa automáticamente. Este tipo de manera de pensar siempre me ha traído conflictos y discrepancias con personas conocidas, porque están tan acostumbrados a que lo malo sea normal y que todos seamos unos inmorales, que lo anormal es pensar que podemos tener una comunidad basada en valores, en los que la excepción a la regla sea precisamente esa falta de moralidad.
Capítulo 6 — Seguridad improvisada y el círculo que nunca se cierra
A pesar de que parezca fuera del tema, esta situación puede ser aplicada en la parte de seguridad. Algo que me indigna del sistema de seguridad es que por lo menos tomando un caso puntual. Hace unos 2 años yo viví en una zona residencial de Barcelona, esa es una zona de variadas clases socioeconómicas, desde la clase alta a la media y baja. Pero predomina la clase media.
En un mes se registraron una cantidad de casos de robos a casas en varios conjuntos, los cuales fueron denunciados. Esto se informó cada vez a las autoridades, la solución a la final en el conjunto fue aumentar las cuotas de condominio, cambiar la empresa de vigilancia, colocar cámaras, sistemas de seguridad, cercados eléctricos, entre otros. En las casas que estaban fuera en la zona ocurrió lo mismo, cada vez se empezaron a ver más casas con cercados eléctricos y cámaras, obviamente esto sólo los que podían y en algunas calles cerraron para convertirlas en una especie de conjuntos cerrados no planificados o improvisados. Cabe destacar que esto solo les otorgó un tiempo de gracia a los delincuentes para luego volver a robar con todos estos gastos ya hechos e incluso peor, más armados y con víctimas mortales.
Mi opinión acerca de esto, (una humilde opinión ya que no soy criminólogo, o especialista en el área de seguridad), es que no se atacó al problema de raíz y no actuaron los organismos dedicados a ello. Para aquel tiempo tenía una pareja la cual fue robada saliendo de su trabajo, camino a mi casa, eso era a 2 cuadras aproximadamente, para ella fue traumático, yo me preocupé bastante y se llevó la denuncia a un puesto de policía que se encontraba casualmente a unas 2 cuadras en sentido contrario. La respuesta fue si mal no recuerdo que no podían hacer más nada y que reportara los documentos extraviados. Nada sobre ningún tipo de identificación de los sujetos, o alguna acción para intentar solventar el problema. ¿No te puede quitar esto el sentido de confianza y credibilidad, hacia las instituciones de seguridad pública?
Capítulo 7 — Melbourne: cuando la gente sí denuncia
Pero esto no es fácil, una de las razones para la falta de denuncias sobre una problemática tiene que ver con la falta de credibilidad hacia los organismos responsables. Todo esto porque las personas no confían en dichos organismos, y eso es un problema porque las estadísticas no pueden basarse en número reales cuando estos no recogen realmente la mayoría de los casos, más en este tipo de situaciones en particular.
Hace unos meses estuve leyendo un artículo interesante de seguridad sobre la ciudad de Melbourne, Australia, cabe destacar que esta ciudad ha sido catalogada múltiples veces desde hace bastantes años, como la mejor o entre las mejores 5 ciudades para vivir del mundo por varias empresas encargadas de ello. Uno de los aspectos que la hacen merecedora de esta atribución tiene que ver sobre su seguridad que era en lo que se basaba el artículo, era de un periódico nacional de ese país en el cual colocaban la comparación de las estadísticas entre esta y otras ciudades importantes en la que ella destacaba. Cuando nos ponemos a ver dentro de ese país destacar entre las otras es complicado ya que las 5 ciudades principales entran entre las 10 o 15 mejores del mundo igualmente. En cuanto a seguridad lo impresionante es que es una de las más pobladas lo que se asocia generalmente a mayor índice de delincuencia por la dificultad de manejar mayor cantidad de personas. El artículo colocaba índices de otras ciudades (todos muy buenos) y el más exitoso de la ciudad en cuestión. En él atribuían el éxito a diversos operativos de seguridad, operaciones de inteligencia, equipos, entre otros. Pero esto lo tenían de igual manera los otros. ¿Entonces qué la hacía ir a la vanguardia? Lo más destacable para hacer efectivas estas políticas como ellos explicaban era la conciencia ciudadana, era la ciudad con mayor porcentaje de crímenes denunciados y evitados efectivamente así como en algunos casos eliminada la reincidencia en los lugares afectados.
Allí es donde podemos ver en un caso práctico lo que expongo, claro el reportaje tenía mayor cantidad de datos, detalles, estadísticas y demás. Pero lo más destacado era, no la cantidad de denuncias, sino que la describían como una comunidad más consciente respecto a la seguridad. La idea, como dije en el caso de la hidrológica, sí, es que al principio hayan más casos denunciados. Partir de allí y empezar a trabajar en que sean resueltos realmente, acabar la impunidad y la reincidencia y de allí que baje la cantidad de denuncias, pero no porque las personas no lo hagan sino porque se reduzca la tasa de incidencia. A partir de allí podrían hacerse otras cosas como operativos para identificar casos no denunciados, la satisfacción del ciudadano con los entes de seguridad y orden público, entre otros, a la final son organismos al servicio del pueblo.
Capítulo 8 — Sin denuncias no hay estadísticas; sin estadísticas no hay soluciones
Por supuesto todo esto no puede empezar sin el paso más difícil, que las personas se dediquen a confiar que mientras más denuncien los actos delictivos, más posibilidad habrá de resolverlos, esto sería con campañas informativas, de concientización o demás. Pero tiene que ser así, si nosotros mismos nos rendimos y no pensamos en hacer nada, nada va a pasar y seguiremos echándonos la culpa, cada vez que nos roben, violen a alguien, o lo maten. La responsabilidad es de los entes gubernamentales, no de la televisión, los imperios, los juegos de video y demás. Claro que el problema abarca muchas cosas más grandes sociales, culturales, educativas, socioeconómicas, de instalaciones, organizativas y demás, pero esto es lo que tiene que estudiarse a largo y mediano plazo. Tampoco creo que lo correcto sea decir dentro de 20 años vamos a esperar si cambiando los programas educativos, culturales deportivos y sociales cambia la seguridad y mientras tanto que hayan robos, violaciones asesinatos y cada vez nos encerremos más en una jaula como en una cárcel, en la que no se nos puede ocurrir ni salir a caminar un momento por ninguna parte, a menos que estemos dispuestos a aceptar las consecuencias.
Capítulo 9 — Qué hacer con las denuncias: el caso de la hidrológica
Cuando estuve trabajando para una empresa hidrológica me llamó la atención una manera de llevar los indicadores de la gestión de reparación de fallas, o atención de casos por fallas. La idea era una especie de competencia entre dos gestiones en la que mientras más casos se atendían era mejor. En teoría parece que es lo correcto, afortunadamente en ese tipo de problemas en esa zona muchas personas reportaban los problemas cuando aparecían, lo que hace más efectivo un diagnóstico de la situación. Llegaban muchos problemas y es verdad efectivamente se estaba mejorando la capacidad para solventarlos, lo que generaba más confianza a los usuarios y a su vez más denuncias.
Pero a la final, si nos ponemos a analizar bien la situación, lo ideal debería de ser que no hubiera tantas denuncias, porque esto quiere decir fallas en el sistema. Estas denuncias y el mapa de zonificación de las mismas nos deberían de servir para establecer programas de mayor inversión para evitar fallas futuras e interrupciones en el servicio.
Es decir: no basta con decir “atendimos muchos casos”. El verdadero indicador de éxito es que, gracias a esas denuncias, se ataquen las causas de fondo y cada vez haya menos fallas que denunciar. Lo mismo aplica para la seguridad ciudadana: denunciar más ayuda, pero solo si el sistema usa esas denuncias para prevenir, no solo para apagar incendios y darse palmaditas en la espalda.
Capítulo 10 — ¿Quién es responsable?
Deberían de haber soluciones inmediatas y creo que las hay. Lo que falta es voluntad para ejecutarlas y participación de todos los interesados. Y las responsabilidades para quienes son responsables, una vez un compañero de trabajo me preguntó, en medio de toda la problemática del ajuste de precio de electrodomésticos y el abastecimiento de alimentos, que "quién creía yo que era responsable del abastecimiento en general, el gobierno o los empresarios". Mi respuesta fue, el gobierno, porque son ellos los que tienen que regular y aplicar las medidas necesarias para que funcione la parte económica, social y de seguridad jurídica, social y ciudadana en el país. Ejerciendo las leyes y aplicándolas a los que las incumplan, así como si se cae una obra el responsable será el ingeniero o empresa que ejecuta la obra, pero va desde el que diseñó, hasta el que estaba viendo si todo se hacía como debía. Se investiga en dónde hubo la falla para castigar al responsable. Pero no podemos excusar a alguien por decir "es que los obreros no trabajaron bien, o no hubo la supervisión adecuada", simplemente cae el encargado de ejecutar lo establecido por norma. Así como el legislativo genera leyes y el ejecutivo debería de aplicarlas, es el responsable de que esto sea de la manera adecuada y si no llevarlo a las instancias dispuestas para eso. ¿Si el gobierno no es responsable entonces para qué existe?
Capítulo 11 — Los vivos pendejos
Bueno en este me extendí. Ya eso será tema de otro post. Pensemos entonces ¿es realmente nuestra culpa que nos violen nuestros derechos, o está equivocado es aquel que los viola? ¿Queremos vivir en un país de moral y principios? o ¿seguiremos siendo los vivos? Yo los llamaría unos vivos pendejos, porque se friegan ellos mismos con su actitud. Algo así como echar basura en tu propia casa (no es que sea bueno en la del vecino tampoco), o escupir hacia arriba, tarde o temprano te llenarás de.....
Capítulo 12 — Editorial 2026: Keito y el espejo cultural
Miremos este ejemplo ahora en 2026: tenemos a un japonés en Venezuela, Keito, que ama nuestra cultura tanto que se fue a vivir allá y, sin querer cambiarla, le pone de la suya, de lo que nos hace falta. Limpia zonas sin que se lo pidan, ayuda en lo que puede, hace el bien sin mirar a quién. Como dice él mismo: “hay que hacer”. Valoremos lo bonito que tenemos, pero seamos lo suficientemente críticos para cambiar lo que nos tiene abajo.
Capítulo 13 — Nota del autor (2026)
Este texto fue publicado originalmente en Julio 29 del 2014 y revisitado en Julio 24 de 2026. Gracias a la magia de la AI — un editor profesional subpagado que no cobra pero sí rinde— se realizaron:
- Arreglos de coherencia:Se ordenaron ideas y ejemplos (como el caso de la hidrológica) para que encajaran mejor con el mensaje sobre denuncias, estadísticas y soluciones.
- Mejoras narrativas:Se suavizaron transiciones entre anécdotas para que el texto fluyera más como una historia continua y menos como una lista de episodios.
- Organización en capítulos:Se dividió el texto en capítulos con títulos coloquiales, acordes al estilo original, para facilitar la lectura y resaltar cada bloque de reflexión.
- Correcciones ortográficas y de puntuación:Se ajustaron tildes, comas, mayúsculas y pequeños detalles de redacción sin alterar el contenido.
Lo que NO se cambió:
El mensaje original.
Las ideas centrales.
Las anécdotas.
El tono crítico y coloquial.
El vocabulario y la forma de hablar.
La intención del texto.
La esencia sigue siendo la misma: una reflexión desde Venezuela sobre la cultura del vivo, la responsabilidad, la denuncia y la necesidad de cambiar lo que nos tiene abajo.
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