Bueno, creo que esta es una frase muy común, sea por haberla dicho, escuchado de alguna persona o incluso leída en artículos. La verdad, en Venezuela es bastante común esto y es algo que tal vez debiéramos reflexionar.
Primero, para poder establecer criterios claros para lo que quiero expresar, voy a tomar unas definiciones básicas que me permitirán darle un poco más de validez a mis argumentos.
Empecemos por qué es la política en general, utilizando a nuestra buena amiga Wikipedia:
La política (del latín politicus y ésta del griego antiguo πολιτικός: “civil, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano”) es una rama de la moral que se ocupa de la actividad mediante la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.
Perfecto. Con lo anterior, por lo visto todos tenemos que ver con la política, debido a que precisamente se basa en el ordenamiento o mejoramiento del bien común.
Claro, eso es visto desde un punto de vista muy cerrado. Muchas personas, incluso por motivos personales basados en costumbres religiosas u otras opiniones, afirman no tener nada que ver o participar en asuntos que tengan que ver con política.
Creo que esas personas están equivocadas, y me justifico de la siguiente manera: el concepto anterior es muy básico, basado únicamente en la política como un medio de ordenamiento de una población en específico. Pero si pensamos un poco más e indagamos, podemos notar que un grupo religioso también tiene normativas, establece reglamentos comunes para los practicantes e incluso elecciones de líderes. De igual manera, quien trabaja en una empresa debe haber escuchado de estatutos o políticas empresariales; igualmente existe la política económica, las políticas aplicadas a un servicio web, entre otros.
Esto nos da como razón que no sería cierto que, viviendo en una comunidad, participando en algún grupo religioso, trabajando en alguna empresa o formando parte de un equipo deportivo (por mencionar unos pocos), no participamos activamente de actividades políticas. Estas actividades están regidas por decisiones basadas en políticas aplicadas a cada caso. Que no estemos conscientes del concepto o su aplicación es otra cosa distinta. Probablemente seamos hasta mejores de lo que creemos en política y ni lo sabemos.
“Siempre son los mismos” y “Todos son unos ladrones”
Existe otro concepto común que muchos usan como excusa: “SIEMPRE SON LOS MISMOS” o “TODOS SON UNOS LADRONES”. En cuanto a esas afirmaciones, estamos equivocados no solo en la exactitud, sino en la actitud que tomamos.
Me explico: en la primera frase nos quejamos de la falta de participación de las personas en el sistema, pero la misma frase y pensamiento es contradictorio. No participar por la falta de participación solo genera más de lo mismo que nos quejamos; de igual manera, la misma falta de participación nuestra para inducir el cambio genera estancamiento.
Vamos a poner un ejemplo: si en un examen contestas 20 preguntas de 1 punto y te equivocas en 15, tu calificación será de cinco. Perfecto, siempre podemos equivocarnos y mejorar; eso dependerá de nuestra superación personal. Pero si decidimos no contestar nada, ¿qué pasaría? ¿No pasa nada, o sacamos 0? Podrás decir: “Es distinto, el examen tengo que hacerlo y me afecta”, pero la política te afecta aún más, porque ese cero puede significar que mañana tu casa —tu país, estado, ciudad o sector— se convierta en una zona de delincuencia extrema. Y no solo tendrás una mala calificación, sino que TAL VEZ NO VIVAS MÁS DE LOS 25 AÑOS A CAUSA DE UN ROBO QUE TERMINÓ MAL. O que la medicina para la enfermedad de tu hijo no la encuentres y pierda un órgano, alguna capacidad o la vida. ¿Y qué te parece si por una mala decisión política se complica el tráfico vehicular en tu ciudad y pasas más tiempo en una cola que disfrutando tu vida? O piensa: tal vez las ambulancias no lleguen a tiempo por el mismo problema. Puede que por una falla en una decisión política MAÑANA NO TENGAS ENERGÍA ELÉCTRICA EN TU CASA, O INCLUSIVE PRODUCTOS BÁSICOS DE ALIMENTACIÓN E HIGIENE PERSONAL. Tal vez ya mañana no puedas ni leer esto porque el hospital donde fuiste con una afección simple terminó siendo el último sitio al que entraste con vida, y a eso ya no le encontrarás solución.
Podrá parecer dramático, pero la vida real es aún peor. Piensa bien: ¿la política es algo necesario para mí? ¿Acaso mañana no quisieras tener un trabajo que te permita vivir y tener una buena vivienda, transporte y servicios generales? Ah, y muy importante: seguridad personal también. Eso entre muchas otras cosas.
Y de verdad, sinceramente: ¿no aplicamos la política en la religión, deportes, empresa, urbanizaciones, hasta en la familia? ¿No sería conveniente, por eso mismo, aplicarle un poco de importancia a aquellas decisiones que van a definir nuestra calidad de vida y la de nuestros familiares y amigos? (Sin incluir al vecino que, aunque me caiga mal, no debería desearle mal, o al dueño del abasto al que siempre voy, entre muchos otros).
“Todos son corruptos” — otra trampa mental
Ahora, analizando la segunda frase en la que afirmamos que todos los políticos son corruptos o que la política es sucia, también nos equivocamos. Podemos hablar de una gran cantidad, incluso de una mayoría, pero no podemos negar que hay personas honradas e íntegras. Pueden ser pocas, pero las hay.
Al decir que todos los políticos roban, aunque no queramos, estamos estableciendo que lo normal es eso. Y puede ser que sea lo común, es verdad, pero una cosa es lo común y otra lo que aceptemos como normal. Muchas veces confundimos estas dos.
Lo común es lo que generalmente encontramos que se hace o que ocurre. Lo normal, basado en moral y ética, DEBIERA SER que los políticos sean íntegros y honestos. Muchos se quejarán y argumentarán que eso es una fantasía o pensamiento utópico. Allí es donde insisto: con esa actitud creamos precisamente aquello de lo que nos quejamos.
Poniendo otro ejemplo: lo normal para nosotros es saludarnos con un apretón de manos o un beso en la mejilla. Pero ¿qué pasaría si alguien intentara saludar colocando la mano en el pecho de la otra persona? Generaría reacciones adversas, incluso golpes por verlo como una falta de respeto. Pero en ciertas tribus eso puede ser normal. Así como en algunos lugares un beso en la boca podría ser normal entre allegados, y en otros ver extraño nuestra manera de ser tan afectuosa con personas recién conocidas.
Este ejemplo nos dice que lo que puede parecer normal para algunos, para otros no lo es. Otro ejemplo: cuando llegaron colonizadores a ciertos lugares y descubrieron rituales de sacrificios humanos o caníbales, lo que para esas tribus era considerado NORMAL, para otros no lo era. Eso nos lleva a una conclusión muy importante: lo que consideramos normal LO PODEMOS CAMBIAR.
¿Cómo sucede esto? Convenciendo unos a otros de que lo que se consideraba normal no lo es. Entonces, seguirá siendo común por un tiempo aquella costumbre que queremos cambiar, pero mientras más común se haga el nuevo pensamiento, más normal se volverá nuestra nueva costumbre.
Participar: ¿cómo y para qué?
Con esto podemos determinar que sí, es verdad: es necesario participar porque, AUNQUE NO LO QUIERA, ESTOY INVOLUCRADO. Y me afectará. Mi acción de no hacer nada sigue generando un resultado que igualmente me perjudicará.
Pero participar, ¿de qué manera? ¿Es que todos tenemos que ser candidatos o activistas? ¿O será que tengo que formar parte de los entes gubernamentales?
La respuesta es no a las tres. Obviamente, más ayudaría que aumentara la participación en movimientos políticos y hubiera más opciones a candidaturas, sobre todo para tener nuevas ideas. Pero no podemos todos ni tampoco querrán todos participar en organizaciones políticas o afines. Mucho menos podemos ser todos empleados del Estado.
El primer cambio debe ser de actitud. TODO CAMBIO EMPIEZA POR NOSOTROS.
Primero, sincerarnos y ser conscientes de que no podemos dejar de actuar. Segundo, educarnos en qué es realmente la política y ver que es una cosa de todos los días en la que realmente tenemos gran actuación sin percatarnos. Tercero, y más importante, cambiar nuestra actitud de aversión y establecer los parámetros morales que queremos para poder afirmar: “Es verdad, muchos políticos son corruptos, pero lo normal no es eso. Lo normal es que el candidato a diputado cumpla sus promesas y no se dedique a negociar su apoyo entre partidos.”
Y la última cosa: entender nuestros derechos y deberes. EL DEBER MÁS IMPORTANTE: VOTAR.
Votar es decidir tu vida
Votando expresamos nuestras convicciones anteriores. El diputado que no cumplió, EL ALCALDE QUE ROBÓ, NO REPETIRÁ. Ganará aquel que se vaya acercando a lo que realmente debería ser normal.
Esto será gradual, es cierto, pero no podemos subestimar el valor de una acción.
Existen innumerables ejemplos de cosas buenas y malas que hacemos imitando a otros: Ver que alguien se come la luz y seguirlo; o, en caso contrario, entrar a un sitio y ver que la persona de al lado recoge su basura del piso y, así sea por pena, no botamos la nuestra sino en una papelera.
Yo he podido ver lo increíble de montarme en un autobús y ver que nadie da su puesto a mujeres, personas mayores o mujeres embarazadas. Luego de ceder mi puesto e irme a la parte trasera del transporte, al montarse otra persona en esa condición, ver a alguien ceder el suyo. Y a veces hasta ver una cadena sucesiva de hasta cuatro veces la misma situación.
No será fácil, no será inmediato, pero SE CONTAGIARÁ POCO A POCO, empezando por los más cercanos a nosotros. Y lo mejor de todo es que EMPEZARÁ DENTRO DE NOSOTROS MISMOS.
Todos somos importantes
Tenemos que recordar que TODOS SOMOS IMPORTANTES: Aquellos que nos caen bien y aquellos que no. Los ministros y dueños de empresa, así como los obreros y el personal de limpieza. Cada estrato, cada persona con su religión, creencia, ideología o profesión es importante.
Mientras más tengamos el mismo fin, así tengamos ideas distintas, podemos llevar nuestro país a una posición mejor, nuestra comunidad y hasta nuestra urbanización. Y podremos garantizar una vida cada vez mejor para todos.
Cada ganancia es nuestra, sin importar qué persona, de qué partido o por qué movimiento se logró. La victoria, cuando logramos una mejora en nuestra calidad de vida, es de todos los que participamos. Así como es nuestra responsabilidad aquellas malas decisiones por elegir mal o, peor aún, creer que no pasará nada por no participar.
RECORDEMOS QUE NO HACER NADA TAMBIÉN GENERA UNA ACCIÓN. ASÍ COMO EL QUE CALLA OTORGA. NO DEJEMOS QUE SIEMPRE SEAN LOS MISMOS LOS QUE DECIDAN NI QUE SEA NORMAL QUE NOS ROBEN.
Reflexión final
Pensemos, reflexionemos y actuemos primero en nuestra propia conciencia. Todos hacemos un cambio, pero el cambio empieza dentro de ti. No permitas que lo común se vuelva costumbre; eso solo beneficia a aquellos que se aprovechan de tus derechos.
Luego de reflexionar, actúa. Y vota, pero VOTA CON CONCIENCIA. Tus derechos lo valen, y es tu vida y la de tus seres queridos la que está en juego. Mañana quizás no tengas la oportunidad de arrepentirte.
🧾 Actualización editorial (Edición AI — 2026)
Este texto fue publicado originalmente el 24 de mayo de 2015, escrito en el contexto de encontrarme trabajando en Venezuela durante una época marcada por crisis alimentarias, fallas de servicios y dificultades de todo tipo. En 2026 ha sido revisado nuevamente con la magia de mi Editor Subpagado AI 😎, únicamente para corregir errores ortográficos, gramaticales y de coherencia, sin alterar el mensaje ni la esencia original.
Aunque nació en un momento muy específico de la historia venezolana, su reflexión aplica a cualquier país y cualquier sistema. Con el tiempo entiendes que en muchas partes del mundo existe cansancio, frustración y desgaste, y es cierto. Pero también entiendes que no podemos tirar por el piso aquello que sí nos ha generado riqueza, estabilidad o progreso, solo por la rabia de lo que no ha funcionado.
Podemos ser voces de cambio sin dividirnos, buscando siempre beneficiar a la mayor cantidad de personas. A los corruptos les conviene la división, el resentimiento y la necesidad; mientras más queramos que el prójimo crezca y surja, mejor será para todos, y más podremos evitar abusos de cualquier grupo.
No existen salvadores: solo nuestras acciones. No somos enemigos: podemos tener ideas distintas, pero muchas veces estamos peleando por lo mismo y no lo vemos porque nos han fanatizado. Los políticos y los gobiernos están para establecer instituciones imparciales que generen bienestar, servicio y orden; no para ser dioses ni personalidades.
Por eso, no importa el partido: el que venga después debe continuar el trabajo para el bien de todos y mejorar lo que ya está.